MESA 6 "VIOLENCIA Y DISCRIMINACION EN LOS BARRIOS "
Objetivo: Analizar la situación actual de violencia percibida en un vecindario. Estudiar su raíz. Los diversos modos en que se expresa. Detectar la violencia embozada que se abre paso a través de actos de discriminación. Analizar el crecimiento de la violencia como uso y costumbre aceptada. Los modelos de comportamiento. La responsabilidad de los medios de difusión y de los comunicadores sociales. El papel asumido por instituciones, organizaciones e individuos como personas que no debieran quedar indiferentes ante la percepción de fenómenos de violencia. La legislación vigente. La eficiencia de los instrumentos legales como respuesta de transformación de situaciones.
| AULA: 526 |
DIAS Y HORARIOS: Jueves 20 y Viernes 21 desde las 14 hs. |

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La violencia se expresa de distintas formas. De forma física, sexual, racial, ideológica, económica, religiosa y psicológica. Pero también se expresa, necesariamente, en algún ámbito preciso. Es en este sentido que, hablando en términos espaciales, tomamos al vecindario como unidad de análisis. Como propuesta de estudio en esta mesa de trabajo.
La percepción cotidiana de la violencia varía según el punto de mira. No debe ser igual el tipo de violencia que se percibe en las señalizadas calles de un country que la percibida en los pasillos de una villa. La que se percibe en algún pequeño pueblo de provincia que la percibida entre los edificios de Capital Federal o entre los populosos barrios del gran Buenos Aires.
La violencia es hoy, además, una cualidad indispensable en el comportamiento bien publicitado por los grandes medios de difusión. Desde la televisión, el cine o los video-juegos llueven heroes o modelos que exponen descaradamente sus habilidades violentas o discriminadoras.
Esta “cultura de la violencia” llega hasta el simple vecino. Y es asimilada, poco a poco, como hábitos de comportamiento normales, como códigos silenciosamente aceptados por todos.
Tanto los individuos como las instituciones y organizaciones arraigadas en el barrio (las familias, los burdeles, las escuelas, los institutos de enseñanza, los centros culturales, los centros de jubilados, las murgas, los clubes, los boliches, las sociedades de fomento, las comunidades religiosas, las iglesias, los órganos municipales y judiciales, la policía, los piqueteros, los comedores, las radios, los canales de tevés por cable, las publicaciones gráficas, los partidos políticos, las cámaras de profesionales, las cámaras de comerciantes, los bancos, el correo, los hospitales, los centros de salud, etc.) permanecen anestesiados o impotentes ante la actual oleada de violencia que crece a sus alrededores y que, seguramente, perciben como algo ajeno, que viene de afuera, irreversible y que más bien los invita a acomodarse cómodamente en situación de víctimas y no como parte co-responsable de ese proceso.
Ni la legislación vigente, ni los numerosos instrumentos legales ensayados a través del tiempo(*), parecen ser eficientes a la hora de revertir el crecimiento de los fenómenos de violencia que, lamentablemente y día a día, se perciben en cualquier barrio.
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